«Nos han hecho una república triste y agria», sentenció Ortega y Gasset, expresando la perplejidad y el desengaño de quienes, creyendo en la llegada de un régimen modernizador y tolerante, el surgido el 14 de abril de 1931, lo vieron arraigar con modos autoritarios y usos políticos sectarios.
Triste y agria. Intrahistoria de la Segunda República se centra en ciertos mecanismos internos del régimen para examinar fragilidades estructurales de sus cimientos políticos y en su fracaso para lograr la lealtad de grandes sectores de la población española. Quienes la instauraron se decantarían por una democracia de confrontación, no de conciliación, para doblegar a fuerzas políticas y sociales reacias u hostiles. Se alimentó así un clima social de violencia verbal y física que impregnó no sólo la esfera de la política, acabando por minar sus fundamentos como sociedad política inclusiva. En ese contexto, la invocación de la Guerra Civil fue temprana y generalizada.
Más que abundar en aspectos repetidamente tratados, pero no del mismo modo interpretados, el libro se adentra en otros como el muy extendido ensalzamiento de la violencia, su radicación entre los jóvenes, la militarización de muchas fuerzas políticas, o las diferentes manifestaciones en que la polarización política, ideológica y cultural se mostró. Un ensayo que interpela tanto al especialista como al lector interesado en entender cómo se deshilacha un régimen desde dentro.