Durante más de cien años dos grandes potencias en expansión se enfrentaron en la península ibérica: Roma y Celtiberia. Mientras Roma acababa de someter a Cartago fijó sus ojos en Hispania, una tierra rica, con los enormes recursos que necesitaba la República en plena expansión por el Mediterráneo. Esta es la historia de un choque inevitable. Como dos locomotoras enfrentadas en la misma vía en una película muda era previsible lo que iba a pasar. El impacto fue bestial y Roma se acabó imponiendo, entre otras cosas, por su enorme capacidad de levantar tropas. Una legión tras otra era enviada a Hispania, algo que llegó a ser una pesadilla para la juventud romana. Los celtíberos no eran ni tan bárbaros ni tan salvajes como en Roma querían vender. Era gente sofisticada y plenamente conocedora de la situación en el Mediterráneo. Y militarmente tan desarrollados como los hijos del Tíber, quienes se vieron obligados a poner sobre la mesa todos sus recursos para someter, por las buenas o por las malas, a cada una de las ciudades celtibéricas. Sólo conocemos lo que Roma nos quiso contar, pero esta obra va más allá, leyendo entre los renglones clásicos una historia deliberadamente ocultada.