Frente a la crisis intelectual y moral, este breve libro ofrece principios fundacionales sólidos basados en una antropología cristiana, que garantizan la coherencia institucional y la excelencia académica. La educación es el alma de la sociedad, y el profesor, su guía. Su liderazgo no es un recurso humano, un coste, sino el principio vital sin el cual la verdadera educación es imposible. En un entorno de utilitarismo técnico, la propuesta católica ofrece un cosmos de significado que, de la mano del profesor, integra fe y razón para formar no solo profesionales, sino seres humanos íntegros.