En una ciudad española, hace pocos años, en una ferretería antigua heredada por el dueño, se produce un encuentro, ¿azaroso?, con una clienta que le impacta de forma súbita. Fernando lleva una vida plácida y tranquila que discurre entre tornillos y música. Todo se ve alterado por una mujer que le pide la copia de una llave. El efecto que le crea su singular belleza trastoca sus hábitos y se ve abocado a seguirla sin aparente sentido. Las interrogaciones aumentan tras la visita a la tienda de un familiar de ella. Conforme va tratando de conocerla se ve arrastrado y envuelto en un torbellino que le produce inquietud y zozobra. Incapaz de dominarlas, se ve sumergido en una absorbente malla detectivesca. El deseo, la duda, la ambigüedad y la sospecha se apoderan irracionalmente de él para tratar de saberlo todo sobre esa enigmática mujer. El recuerdo y la memoria de lo vivido en Montreal por Lucille, protagonista de esta obra, abre una ventana y múltiples preguntas: unas misteriosas, otras escabrosas, pero ninguna deja indiferente al lector. En la relación entre ambos se produce un juego de sombras y cruces de espejos interconectados. Los sucesos van in crescendo como una pieza musical alimentados por la intriga y tensionando la novela hasta desembocar en un final dramático y abrupto. Un libro con una trama compleja y fascinante que incluye incluso la duda de quién es el verdadero narrador sin excluir al lector.