Khan Abdul Ghaffar Khan es un hombre injustamente olvidado. Este her-mano, que confesaba a Dios con humildad desde su fe islámica, fue pro-tagonista de un verdadero milagro de la gracia. Conoció el amor de Dios a cada persona, sin excepción, y, conducido por el Espíritu, se dirigió con este mensaje a su pueblo, el pueblo pastún, cuya cultura se había ido mode-lando en el tribalismo cerrado, el culto a la guerra y un código de honor que impulsaba a la venganza. Ghaffar Khan consiguió con la ayuda do Alto que de ese pueblo se movilizaran miles y miles de personas organizadas en un ejército no violento llamado Khudai Khidmatgar (los Siervos de Dios), cuyas armas eran la oración, la desobediencia civil y la acción directa no violenta. Abrían escuelas, reconciliaban enemigos, espetaban la verdad al dominio colonial y al despotismo en su propio pueblo. Encarcelados, tor-turados, asesinados, dieron testimonio del amor conocido. En el Mensaje para la celebración de la 50 Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2017), titulado por el papa Francisco «La no violencia: Un estilo de política para la paz», junto a dos hermanos ampliamente reconocidos al respecto -que no seguidos-, Gandhi y Luther King, el Papa quiso incluir el nombre de Khan Abdul Ghaffar Khan. Vázquez Borau nos ofrece una breve biografía y unas reflexiones sobre este hombre: quienes se acerquen a él por primera vez quedarán asombrados y agradecidos.