La controversia inacabable que rodea a la figura del Siervo de Dios Dom Hélder Cámara, la indignación que provoca su figura en el conservadurismo llamado católico por su denuncia de la miseria y sus señalamientos al capitalismo, el olvido de su persona por parte de los viejos aduladores del llamado progresismo católico a causa, precisamente, de su lealtad eclesial, no empañan el universalismo de su corazón. Situado en un terreno de frontera, cuando las rupturas cristianas con viejas servidumbres y estereotipos traían, a la vez, desviaciones y profecías (incluso a veces en las mismas personas), su vida y su pensamiento reflejan, sencillamente, fe en Jesucristo y el Amor de Dios... Dom Hélder Cámara no fue comunista, denunció explícitamente al comunismo por su opresión y sus crímenes. No fue guerrillero, fue condenador de toda violencia, incluida la de respuesta a la violencia del poder. Fue precursor de la noviolencia espiritual y activa. Se pueden rastrear las ambigüedades o insuficiencias que se quieran, se puede tener una actitud de inquisidor sacando esto y lo otro poco claro en tal o cual aspecto, se le puede odiar y descalificar en bloque, como se hace con este hermano, pero lo cierto es que el alma de aquella vida, de aquellos dolores y esperanzas, está reflejada en las enseñanzas de la Iglesia. Francisco Rey Alamillo, con enorme aparato de citas del propio Hélder Cámara, vincula el pensamiento de este obispo con el magisterio de los Papas. No sólo con los Pontífices con los que tuvo relación estrecha en su vida terrenal (San Juan XXIII, San Pablo VI, San Juan Pablo II), sino con lo enseñado por Francisco y León XIV. Para quien quiera escuchar. Porque la tragedia sobrenatural de la opresión a los hermanos es pan cotidiano.
"San Juan Pablo II con efusión lo envolvió en sus brazos y lo apretó largamente contra su pecho. Luego, en sonoro portugués, la firme y timbrada voz del papa Wojtyla lanzó sobre la multitud el sorprendente saludo:
- Carísimo arzobispo de Olinda-Recife, Dom Hélder Cámara, hermano de los pobre y mi hermano.
Y estalló el delirio:
- ¡Dom Hélder, Dom Hélder!
El Papa repitió aún con mayor énfasis:
- Hermano de los pobres y hermano mío (p.26)