Stinissen presenta profundas reflexiones sobre el Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad, enfatizando su importancia en la vida del cristiano. Este desea habitar en nosotros para que podamos amar a Dios y a los demás con su amor. Así como descendió sobre la Iglesia primitiva en Pentecostés para encender el mundo con el fuego del amor divino, desea también descender sobre nosotros. Dios, que es Uno, también desea que la Iglesia sea una. El Señor quiere unificar a todos los cristianos en una sola Iglesia santa y a toda la humanidad en un solo cuerpo. El Espíritu Santo es el gran unificador, pues es quien hace del Padre y del Hijo un solo Dios. Si los cristianos le permiten habitar en su interior, crecerán en unidad.