El Espíritu edifica la Iglesia y mantiene la comunión entre los seguidores de Jesús. Este mismo Espíritu es quien ofrece la misericordia y borra las culpas, aviva la esperanza en la resurrección de la carne y en la vida eterna. Cada vez que la comunidad cristiana proclama el Símbolo de los apóstoles, profesa una serie de verdades que no solo sintetizan su fe, sino que además ponen en juego su existencia. Es en la vida concreta y no en el mundo de la teoría donde se hace presente el Espíritu suscitando los diversos carismas, ministerios y vocaciones que permiten al Pueblo peregrino avanzar hacia en encuentro glorioso con su Señor. Este mismo Espíritu es quien alienta a cada creyente sin forzarlo. Su ayuda, en vez de condicionar la existencia de la persona, abre un espacio de libertad donde el amor y la verdad revelan la imagen y semejanza divinas a la que está llamada. El Espíritu es, en todo momento, el compañero discreto de camino en este mundo. Giusepppe Forlai es doctor en teología, profesor, director espiritual y eremita diocesano.