El sevillano Pero Guillén de Segovia (1413-ca. 1475), próximo al círculo de Gómez Manrique, es autor de cuatro decires narrativos dirigidos al entonces arzobispo de Toledo, entre los que destaca la Obra compuesta y ordenada por Pedro Guillén de Sevilla, contador del muy magnífico señor don Alfonso Carrillo, dirigida y diferida a su Señoría. En los dos primeros, el poeta solicitaba el amparo —especialmente material— del prelado, que terminó acogiéndolo en su corte como contador mayor, parece que tras haber caído en desgracia al morir don Álvaro de Luna; en ellos destaca, además, una fuerte impronta autobiográfica. Ya bajo la protección de don Alfonso, le dirigió los dos últimos decires, con un propósito de marcado carácter político; poemas que se ajustan al carácter alegórico dominante en los decires narrativos de la poesía de cancionero. En estos sobresale una muy visible influencia de Juan de Mena y su Laberinto de Fortuna, del marqués de Santillana y de la Farsalia de Lucano, así como de la Visión delectable de Alfonso de la Torre. Como el Laberinto, los textos atienden a la realidad contemporánea y presentan al narrador en primera persona, jugando con su identidad histórica y su figuración alegórica. En el estudio introductorio se revisa la biografía del autor, se hace un análisis de la disposición, el marco genérico y la escritura de los cuatro poemas, se identifican sus fuentes —por completo desconocidas y que siguió muy de cerca— y se examinan la figura retórica del narrador y el discurso moral y político de los decires, para terminar con un examen de la transmisión textual; a continuación se editan y anotan pormenorizadamente los textos. El libro se cierra con el aparato crítico de variantes textuales y un apéndice con el proemio a la obra Consonantes del propio Guillén de Segovia.