Se afirma, en diálogo, que el ser humano es más pleno desde la experiencia religiosa. En los humanos la naturaleza se ha hecho palabra. En las palabras, a los humanos se nos ha despedazado la seguridad de lo dado y nos han entrado dudas, inquietudes e interrrogantes. Necesidad de saber. ¿Quiénes somos? ¿Por qué y para qué existimos? ¿Por qué las fuerzas dominantes del ser nos hacen actuar de unas u otras maneras? ¿Por qué algunas de esas maneras de ser y de hacer son tan indeseables? Agresivas, violentas, explotadoras. La religiosidad nos puede ayudar a crecer como personas libres, comprometidas y bondadosas. De eso trata este libro, de clamar, Cristo que venga de nuevo, que sea siempre eficaz su presencia en nosotros, que seamos capaces de elevar la mirada, y nos permita saber y sentir que la religiosidad es una gran posibilidad de abrirnos a Él, y hacernos desde el interior más y mejores humanos.